“¿Qué será? Me he enamorado muchas veces,
pero lo que me gusta es que sean muy damitas. Estoy educado a la antigüita, me
agrada que les guste agarrar un trapeador, porque puede estar hermosa y ser buena para lo que sea, pero si no tiene
ese detalle, pues para mí no sirve."[1]
Que un cantante popularizado difunda
su limitada concepción y rol social que las mujeres deben cumplir en la
sociedad mexicana, en estricto sentido, debería interpretarse simple y
llanamente como producto de la condición educativa y del contexto personal
limitado propio de su existencia, sin embargo que la declaración se haya
producido en el contexto de una entrevista realizada por la revista TV NOTAS,
perteneciente al grupo televisa, la que dicho sea de paso, es quien auspicia y
da trabajo a Alberto Ordaz agresor sexual de Andrea Noel, sumadas a las declaraciones
de Gerardo Ortiz por el que incita al Femenicidio, aunado a la proliferación de
asesinatos con marcado estigma de género en los estado de Guerrero, Estado de
México, Chiapas, Veracruz y otros, nos ubica en un contexto de transgresión y
vulneración de la existencia misma de las mujeres y de los mínimos y
elementales derechos de ese sector, el que históricamente ha sido uno de los
más vulnerables y que en las últimas décadas, a punta de golpes, humillaciones
y vituperios ha conquistado espacios de existencia y reivindicaciones sociales
fuera del núcleo familiar.
El cuestionamiento central que debe
circundarnos es ¿por qué en un Estado de violencia generalizado el sector
femenino que fuertemente se empoderaba, sufre serios retrocesos y un marcado,
aunque disimulado, aniquilamiento? ¿Por qué las mujeres son un sector altamente
transgredido que pareciera estar destinado e imposibilitado a acceder a la
Justicia?
La respuesta quizá debemos buscarla en el bombardeo ideológico al que ha
sido sometida la sociedad mexicana a través de las cadenas televisoras, en el
que la llamada narcocultura se ha
enraizado como el sueño mexicano.
Pero, ¿qué significa este culto al
Narco?
Ello no es otra cosa si no la glorificación y empoderamiento DEL
ESTILO VIDA BASADA EN EL EXCESO DEL PLACER, QUE SE EJERCE Y DEFIENDE A TRAVÉS DE LA VIOLENCIA, Y QUE ES
CONSENTIDO O IMPULSADO POR EL PODER POLÍTICO INSTITUCIONALIZADO.
Es decir, el sueño mexicano ofertado por las grandes televisoras, es la
obtención de ganancias legales a través
de actividades ilegales.
El sujeto que crea el Estado de
violencia generalizada, es un empresario de escasa instrucción, dedicado
preponderantemente al tráfico de drogas, trata de mujeres, pornografía, pedofilia,
o cualquier actividad criminal altamente lucrativa, que extiende y genera una
serie de relaciones corporativa/personales tendientes a consolidar su empresa,
que gratifica a las autoridades políticas o a los altos mandos policiacos y
militares para que toleren y permitan el desarrollo de las actividades
lucrativas.
Pero este sueño mexicano es un estilo de vida segmentado de irradiación, esto
es, el primer círculo de cercanía de los Dueños del dinero se benefician
directamente de estas actividades ilegales, es decir, gozan de un placer
disminuido pero sumamente parecido al del principal que este mismo reproduce en
su círculo más cercano, que se extiende a todos los sectores de la sociedad.
Lo particular de este sueño mexicano ofertado es que es
personal y escalonado, es decir, el popularizado
sueño mexicano se ofrece como posibilidad de efectiva superación personal y
social.
Aunque su materialización solo puede
efectuarse a la muerte del propietario y poseedor de dicho sueño, o por la
confrontación abierta y directa que haga el subalterno sobre el principal,
activando de forma inmediata un grupo disidente que a través de la violencia
conquista el sueño mexicano.
La violencia tiene una doble función
en este orden social; a) la
consolidación de la corporación económica y;
b) empoderar y defender al titular de dicho sueño mexicano y sus
intereses creados, de ahí que el uso de la violencia sea necesariamente extendida y generalizada, y con un marcado
sesgo demostrativo, pues cumple una función de advertencia hacia un tercero
indeterminado; y hacia su primer círculo de cercanía para el caso de
transgresión o afrenta, cuya connotación semántica se circunscribe a cumplir
una función coercitiva y ejemplificativa.
Así visto, el uso de la violencia en
el sueño mexicano debe ser contundente y
desmedida. Sumidos en el contexto del sueño
mexicano que propagan las televisoras existen solo dos tipos de relaciones,
las de poder y de negocio, que se desarrollan solo con los iguales; y las de
dominio y placer, que se ejercen con cualquier otro, y es aquí donde se
circunscribe las relaciones sentimentales hombre/mujer
Las mujeres son un objeto de
apropiación que representa el poder amplio y extendido del sueño mexicano, cuya
función social es de reproducción sexual e ideológica, y solo ante la ausencia
del titular del poder (el hombre) puede ejercer funciones decisorias o
definitorias, ello significa que la mujer
del corporativista del crimen, está sujeta a las mismas condiciones que el
resto de sus pertenencias, es decir, carece de autonomía, libertad e
independencia, y su referencia social es a través del titular del sueño
mexicano, de ahí que su condición de existencia esté condicionada, lo que
didácticamente dicho, la reduce a un
objeto accesorio sujeto al uso de la violencia contundente y desmedida.
En un contexto de esta naturaleza,
adquiere sentido que en los delitos sexuales denunciados, las víctimas sean
tratadas como instigadoras del delito, que de los delitos procesados logren
condena, después de un tortuoso y penoso camino,
sólo bajo este contexto puede explicarse que los asesinatos de mujeres a manos
de sus parejas o producidos por cuestiones de género (feminicidio) hayan
aumentado exponencialmente y que la violencia en el noviazgo dirigida hacia la mujer
se haya incrementado sustancialmente.
En el ofertado sueño mexicano, las
declaraciones de Julión Álvarez, la incitación de Gerardo Ortiz para cometer
feminicidios, son la muestra clara y evidente del prototipo social que las
grandes televisoras pretenden individualizar como rasgo característico de la
masculinidad.
Sumidos en ese contexto, nuestras
preocupaciones deben ir dirigidas y encaminadas a responder a la siguiente
pregunta ¿A quién o quienes les interesa construir personalidades tendientes a
construir el ofertado sueño mexicano?
[1] http://www.sdpnoticias.com/enelshow/musica/2016/04/19/una-mujer-que-no-sabe-agarrar-el-trapeador-para-mi-no-sirve-julion-alvarez
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